Pero no, ya no.
Creo que, me gustaría tener unos 24 años. Vivir con mi novia. Empezar a currar. Algo guay, que me guste, que me sienta cómoda.
No sé, tener, tal vez, una vida independiente.
Fuera. Lejos de aquí. Lejos de todo y de todos.
Viajar, descubrir lugares, culturas. Decidirme por una, y quedarme ahí.
Ya sea un ambiente de caluroso verano o algún país nórdico.
Comprarme un coche, uno viejo. Con unos pocos ahorros.
Sé que todo son ciclos, que tenemos que pasar por todo. Que aún tengo 18 años y no debo adelantarme a las cosas. Pero me veo estancada en esta asquerosa adolescencia de no poder hacer nada. Y no me gusta.
Ya no me apetece hacer locuras. ¿Salir de fiesta? No gracias. ¿Emborracharte hasta no acordarte de la mitad de lo que hiciste anoche? Que va. Eso no es sano para nadie.
Prefiero un cine. Sí. Una película ñoña. De estas de amor. Que son tan pastelosas, que dan hasta asco. O una de las de llorar. Esas interminables películas de risa. O esas películas de miedo que sólo conseguían hacerme reír a carcajadas.
Una vida más relajada. Incluso echar un polvo y que ni siquiera te apetezca el cigarrillo de después.
Salir a cenar, con unos amigos, dar una vuelta, hablar de nuestras cosas, vacilarnos un poco los unos a los otros. Una cervezas. Un plan tranquilo. Y ya. Volver a casa. Nada de discotecas. Nada de 'botellón'. Eso no apetece.
Será que estoy 'madurando'. O que simplemente me he dado cuenta de lo que quiero. Me he encontrado a mi misma.
Será que estoy 'madurando'. O que simplemente me he dado cuenta de lo que quiero. Me he encontrado a mi misma.