Me falta sitio para meter todas aquellas palabras tan bonitas que solías decirme desde lo más profundo de tu corazón, me faltan fuerzas para apretujarlas y que quepan todas dentro. Pero, si te has dado cuenta, ahí quedan, en el cajón del olvido. Donde deben, o desde hace un tiempo deberían estar, en un lugar donde no hacen más daño al recordarlas, sólo los días en los que apetece ser masoquista durante unas horas. Aunque pensándolo detenidamente.. ¿Eran de verdad todas aquellas palabras? ¿era cierto todo aquello que decías que te gustaba sentir? Si es así.. ¿Ahora mismo, de qué me sirven? No sé si creerlas. No sé si quiero. No puedo creérmelas hoy. No me das razones. No puedo creerte a ti. Ni a lo que digas. Tú tampoco haces ningún intento para que te crea. Ninguno en absoluto. Me arriesgo a decir que te da igual en la misma cantidad que las veces que me decías te quiero. Porque sino, seguirías diciéndolas tan seguidamente como lo solías hacer. De acuerdo, quizás yo tenga parte de culpa, me paso de plasta, y he sido orgullosa al no haber querido oír aquellos te quiero. O tal vez por no haber seguido aquellas miradas que me lanzabas. Pero tú tampoco, nunca, y nunca es mucho tiempo, me las has seguido a mi. Pero, puede que sí, que sea por mi, por mi culpa, pero, sinceramente, mira en tu corazón y dime, si ahora aparentas no sentir nada más allá, ¿quién me asegura que realmente alguna vez sentiste algo parecido a lo que decías?, ó ¿únicamente fue por, no hacerme daño?
No hay comentarios:
Publicar un comentario