lunes, 27 de febrero de 2012

Unidos por la pasión.

Llegar a casa con la mayor ilusión del mundo. Feliz. Por como ha trascurrido el día. Por todo lo que ha pasado. Porque le has visto, has estado con él. Durante horas ha sido todo perfecto entre los dos. Pero rápidamente todos esos sentimientos se desvanecen. Ya no están. Han desaparecido. Y son sustituidos por impotencia y tristeza. Es increíble que sólo os entendáis a oscuras. Una fuerte discusión después de cada encuentro. Siempre ocurre igual. Sin pensártelo dos veces coges las llaves. Esa que hace poco más de una hora has dejado en la mesilla al lado de la puerta. Sales lo más rápido que puedes del entorno que te rodea. Sólo te apetece descargar adrenalina. Olvidarte por un instante de todo. Y empiezas a correr, sin sentido, sin rumbo, sin retorno. Solo quieres alejarme lo máximo posible de lo que se suponía que era 'la realidad'. Una realidad paralela que has creado tú mismo. Pasa un poco el tiempo. Te paras. Exhausto. Con lágrimas en los ojos. No puedes más. Miras a tu alrededor y te acuestas en el suelo. No tienes ni idea de dónde te encuentras. Pero eso no es un problema ahora. Te arden los pulmones. Tu corazón lucha para volver a su ritmo normal. La noche empieza a caer sobre ti. Te levantas y comienzas a andar. Intentando recordar por dónde habías venido. Por suerte no te habías quitado los auriculares antes de salir de casa. Buscas la canción adecuada. Subes el volumen hasta el punto clave, sin que te duelan los oídos pero tampoco oyendo lo que te rodea. Logras tranquilizarte un poco más. De nuevo has llegado a casa. Estás solo. Crees que una ducha terminará de relajarte, pero no. Sigues igual que hace horas. Estás muerto, tanto física como sentimentalmente. Te acuestas. Tus párpados van cerrándose lentamente. Y te desvela el sonido del móvil. Te ha llegado un mensaje. Inmediatamente abres los ojos y lo lees. Es ella. Te ha visto correr, te ha visto llorar. Y ahora mismo está esperando a que le abras la puerta. Casi sin creerlo, bajas hasta la entrada. Ves una sombre tras la puerta. Abres, y allí está. Ha venido para decirte que siente que hayáis peleado. De repente te besa, justo para evitar otra pelea. Y después de ese vienen más y más besos, caricias. Sin explicarlo acabáis en tu cama. De nuevo en esa inmensa oscuridad. Lo que os ha unido siempre. Y lamentablemente, al irse, la historia se repite. Una y otra, y otra vez.

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