viernes, 2 de marzo de 2012

Porque si la cosa se vuelve difícil, nosotras nos volvemos fuertes.


Por fin. Al final, llegó ese día. Ese tan temido día. Durante meses he estado con el corazón en un puño sabiendo que tarde o temprano, este día, iba a llegar. En el que los latidos de mi corazón se aceleraban y la respiración se cortaba. Te ibas. Definitivamente. Te ibas de mi lado. Mis saladas lágrimas se mezclaban con tus dulces labios. Una vez más. Y mi desesperación crecía cada vez más con tu rabia. En ese momento estuve más unida a ti que nunca. Podía sentir como algo dentro de mi se desgarraba. Sentía como mi corazón me dejaba poco a poco. Para irse con el tuyo. No pueden separarse. Están destinados a seguir unidos. Aunque tuve la esperanza, por unos segundos, de que me llevase a mi también contigo. No puedo separarme de ti.
¿Me crees ahora cuando te digo que nada ni nadie nos va a separar? 

Tú eres quién me da la vida.

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