-No haces otra cosa que buscar siempre lo que no puedes conseguir.
+¿El qué?.
-Una princesita de cuento.
+No tienes idea de lo que hablas.
-Ah, ¿no? ¿Por?
+Pues porque yo quiero a alguien que me haga tocar las estrellas cuando me bese, que me lleve hasta París si hace falta un sábado sólo porque me apetece tomar café de un Starbucks mirando de fondo la Torre Eiffel. Quiero que sus dedos inventen un recorrido sobre mi piel, lo que es una puta adicción para mí. Quiero alguien que nunca permita que abandone mis sueños, que me conozca tanto, hasta el punto que sepa lo importante que son para mi. Que me ayude a hacerlos realidad y si me dan miedo, reinventar las pesadillas que no me habían dejado dormir. Quiero que me prometa que sería capaz de bajarme la Luna si se la pido. Que me desgaste los labios. Que me bese cuando le apetezca, sólo por eso, porque le apetece. Quiero que viva sin prisas, que me ayude a relajarme. Quiero que su único vicio sea pasar la noche conmigo, a mi lado, en mi cama y abrazándome. Que haga que mi canción preferida sea su el suave sonido de tu risa. No quiero que me regale garantías, para nada que sea materialista, ni que haga planes de futuro, pero sí que, creyéndolo de verdad, me prometa un, “aquí y ahora”.
-Sigo pensando lo mismo, una princesa.
+Sí, tal vez tengas razón, no te digo que no. Pero, también, sé que no existe, no esa princesa perfecta de cuento. Por eso siempre acabo conformándome con la primera que dice y que promete mil y un 'Te amo' y algún que otro 'Buenos días princesa'.
No hay comentarios:
Publicar un comentario