sábado, 11 de febrero de 2012
Vamos a darle la vuelta al mundo.
No quiero que me regalen más libros que traten de la filosofía ni las preguntas de la vida, porque no los leeré más, lo que he aprendido, no es por todo lo que me han ilustrado esos libros, sino por lo que veo a diario. Mientras más pasan los años, mientras más veces me caigo y me levanto, más me contradigo cuando pienso, cuando tengo que tomar decisiones, y es que el tiempo no me mueve, no me cambia, no me hace madurar, cada vez me siento más infantil. Soy las ganas que tengo de vivir, las ganas de cruzar el océano para encontrar nuevos retos, las ganas de conocer lo que hay después del mar, de ese horizonte que nos separa de todo. Yo espero que mi boca nunca se calle cuando se trate de decir lo maravillosa que eres. Solo tengo una sonrisa, para el mundo, y sólo espero que me den alguna de vuelta. Yo no confío en el destino, yo no creo en la iglesia ni su, absurda para mi, aunque respetuosa religión, pero creo en tu mirada, en lo que me transmite. Yo lo he cambiado todo, por darte las estrellas. Me escapé de la rutina, de lo que se supone que está bien, de lo que se supone que se debe hacer, para dirigir mi vida, en algún camino que coincida contigo. Y me fui tras de ti. Voy a escaparme cada día si hace falta hasta la constelación más cercana, incluso la que más lejos me quede, la suerte supongo que estará conmigo, tus besos son mi oxígeno, tus ojos son mi luz y quiero recorrer los caminos de tu espalda cada día, sentir en mi pecho cómo algo parecido a un corazón se acelera, llegar al tope y abrazarme a las nubes, cogerte y no soltarte jamás. Sumergirme en un suelo contigo y no despertar nunca más.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario