Qué fácil es dar lecciones de moral a los demás, ¿verdad?, Qué fácil es verle los fallos a las personas que te rodean, ¿no? ¡Por favor!, ¿qué pasa, que cambia todo el mundo menos tú? Tú eres quién más fallos cometes a menudo y tienes la cara de rectificar a los demás. No te reconozco. Es increíble lo que has cambiado. E ignoras lo que duele acordarse de momentos que hace tiempo ocurrían. Pero bueno, ya no se puede hacer nada. Ya es tarde para remediar los errores que has cometido. Ya es tarde para esperar el tren que hace bastante tiempo dejaste pasar. ¿No crees que es demasiado tarde para reciclar las caricias que dejaste de brindar por orgullosa?, Sí. Es tarde ya para curar un corazón roto. Si me dieran a elegir algo, algo que quisiera cambiar desde este preciso instante, que ni se te pase por la cabeza que elegiría dar marcha atrás, volver al pasado, ni intentar cambiar lo que nos separó, lo que acabó con nosotras. ¿Y sabes por qué no lo haría? Es muy fácil de responder. Pues, por mucho que tratase de cambiar el pasado, no quiero hacerlo, no quiero un futuro en el que sería bastante predecible que me decepcionaras de la misma forma que lo has hecho en todo este tiempo. Y es difícil, pero tú lo consigues. Sea como sea, con hechos o sus respectivas consecuencias. La única solución, tal vez, sería que volvieras a ser tú, quién eras antes de conocerme, aunque tampoco serviría de nada, porque lamentablemente acabarías convirtiéndote en lo que eres ahora, en lo que eres hoy.

No hay comentarios:
Publicar un comentario