Se quedaron atrás tantas cosas. Tantas cosas que deberían haberse dicho. Ya no sé si decirlas sería lo más adecuado. Tal vez debería borrarlas directamente de mi cabeza. Para siempre. De nada sirve pretender volver al pasado. Sólo sirve para aumentar la lista de días melancólicos. Aunque, es bonito recordarlo, donde todo era de color de rosa. Donde llegué a creer que tú me tenías entre tus deseos. Debo reconocer que me encantaría volver a ello. Sería maravilloso. Estupendo. Volver justamente a uno de los momentos más bonitos de mi vida. Cuando, sin motivo alguno, me cogías y me abrazabas. Porque te apetecía. Y yo tendría que haber hecho algo diferente a lo que hacía. En vez de alejarme de ti y apartar tus brazos, quería detener el tiempo en ese instante. Sí, alejarme, apartar tus brazos, pero solamente para acariciar tu rostro y besarte. Se pierden demasiadas oportunidades a lo largo de la vida. Y eso de que las segundas oportunidades existen, sí, tal vez. Pero una segunda oportunidad, casi nunca sale bien. Pensando que podremos tenerlas siempre. Pero no, porque llegará ese día en el que todo se esfume. Desaparezca. Y no regrese jamás. El amor nos ofrece la opción de ser felices, o de hundirnos para siempre. Pero somos nosotros los que lo complicamos todo. El amor por si sólo no es malo, no engaña, no hace daño. Nos encargamos de perder el tiempo, con falsas esperanzas. En buscar falsas metas que no llegan a ningún fin. Creemos en la perfección de algo que jamás podrá ser perfecto. No valoramos a las personas como se merecen, por lo que realmente son. Por lo que pueden ofrecerte. Buscamos siempre la felicidad, sin darnos cuenta de que lo único que hacemos con todo, esos errores, es alejarnos de ella. Casi siempre nos damos cuenta de las cosas cuando ya es demasiado tarde. Tenemos un millón de "te quieros" que decir. Miles de sonrisas que dibujar. Una infinidad de besos que brindar. Muchísimas lágrimas que secar. Pero somos tan orgullosos que lo dejamos pasar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario